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Isla Barú, donde las faltas forman la perfección

Isla Barú es mucho más que sólo arenas blancas, mar cristalino y hermosas postales del atardecer. Para mí fue una experiencia de vida. Fue, sin quererlo, el inicio de un camino que continúa hasta el día de hoy.

Isla Barú se encuentra ubicada a una hora de Cartagena de Indias. El traslado más rápido es por mar y conviene salir a la mañana, no sólo para poder aprovechar más el día sino porque a ésa hora salen las lanchas pesqueras que son rápidas y cobran más barato, en cambio, si uno quiere ir a la tarde te llevan, pero pueden llegar a cobrar hasta tres veces más, ya que ya no forma parte de su ruta.

Las mismas lanchas regresan a la tarde, por lo que se puede ir a ésta isla paradisíaca a sólo pasar el día. Ésto es algo que yo no recomiendo si realmente quieren experimentar lo que ésta isla tiene para ofrecer. Recomiendo quedarse a pasar mínimo una noche.
Yo me terminé quedando tres.

Isla Barú es mucho más que sólo arenas blancas, mar cristalino y hermosas postales del atardecer.

Para mí fue una experiencia de vida. Fue, sin quererlo, el inicio de un camino que continúa hasta el día de hoy.

En una parte alejada de la isla se encuentra un resort de una importante cadena de hoteles, pero éste tiene sólo una pequeña porción de playa. El amplio de la isla, y adonde se llega con las lanchas desde Cartagena, no cuenta con lo que se llaman comodidades de alojamiento.

Las opciones de hospedaje son hamacas, carpas o una especie de chozas que cuentan con una cama cubierta por una tela de mosquitero, una mesita y una lámpara. La lámpara funciona 4 horas a la noche solamente, tiempo que dura el generador. Momento en el cual podía cargar todo lo electrónico, incluido mi smartphone que sólo utilizaba como cámara ya que por supuesto no había wifi.

Para bañarse, uno sólo cuenta con 6 litros de agua por día. Lo que en la mayoría de los campamentos sólo consistía en darte un bidón de agua y que uno se vaya a higienizar adonde le parezca.

En el campamento que estábamos, en cambio, se las ingeniaron para hacer con un bidón de 6 litros una ducha que uno mismo iba regulando. Por supuesto no había botón de inodoro por lo que uno debía tirar la cadena sacando agua de mar de una pequeña pileta de plástico con un pequeño bidón.

Tras haber leído ésto, a lo primero que lo lleva la mente a pensar es, cuántas faltas hay en isla Barú. Y sin embargo, nunca nada me pareció tan perfecto.

Las cabañas con comodidades básicas estaban a metros del mar, por lo que uno se duerme y despierta con el ruido de las olas, tan cerca, que parece que éstas lo mecen a uno cuidando su sueño.

La falta de electricidad en las noches hace que las estrellas sean las linternas de la noche. Parece como si se viera toda la galaxia y estrellas fugaces aparecen constantemente.

La falta de wifi hace que uno sólo pueda conectarse consigo mismo, en vez de estar constantemente buscando una distracción en lo externo.

El contar con sólo 6 litros para bañarse por día, hizo que me hiciera consciente de cómo uno suele derrochar agua y la importancia de éste recurso natural. Con su ausencia uno realmente se da cuenta del elemento vital que es en nuestras vidas.

Y una de las cosas que más me gustó fue la pileta con agua de mar de donde uno sacaba agua para el inodoro. ¿Por qué? Porque de noche, cuando ya se había apagado el generador, si uno pasaba la mano por ésta agua, veía cómo se iluminaba con puntitos de luz. Era el plancton. Y cómo algo tan simple puede maravillar.

De hecho, en Isla Barú, uno se da cuenta de que las verdaderas maravillas son las cosas más simples.

Isla Barú fue donde fui a asimilar todo lo que ya había vivido en mi viaje por Colombia.
Por fin me había animado y había viajado por primera vez de mochilera, quedándome en hostels y campings. Sin reservas previas y quedándonos donde sentíamos que era correcto.

En el viaje por las diferentes ciudades de Colombia conocí muchas personas que me abrieron la cabeza. Personas que como mínimo hacía meses que estaban viajando por el mundo con sólo una mochila. Algo que yo consideraba extraordinario y que yo era completamente incapaz de llevar a cabo. ¿Por qué? Porque sólo veía mis fallas, lo que consideraba que me faltaba para poder hacerlo.

Pero Isla Barú me enseñó que estaba equivocada. Ya que estaba en un lugar donde faltaban un montón de cosas y aún así, para mí era perfecto. De hecho, esas faltas hacían la perfección. Las faltas lo hacían completo. Y así es como me dí cuenta que si uno simplemente dejara de concentrarse en sus faltas, y se concentrara en lo que sí tiene, y si uno aprendiera a ver las faltas en uno mismo como simplemente una pequeña parte del todo, todo lo que pudiera uno lograr.

Y así es como ésta isla del caribe colombiano me enseñó que la verdadera casa está en uno, por lo tanto, mientras uno trabaje para estar cada vez mejor consigo mismo, no hay lugar donde no se pueda llegar.


Nota: Jesica Kearney | Corresponsal

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