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Un activo recorrido de 36 horas en la capital colombiana

El periodista de la Vanguardia Sergi Quitian comparte su viaje de unas pocas horas en que recorre la intensa Bogotá y se deslumbra con sus atractivos y ofertas. Un buen resumen para quienes van a descubrirla.

Es imposible no caer impresionado en el primer vistazo a Bogotá. Por su tamaño (1.775 kilómetros cuadrados), por su altura (por encima de los 2.500 metros) o por su población (más de 8,5 millones), la capital de Colombia se escribe en mayúsculas. Epicentro del país cafetero, sus calles mantienen viva la huella del pasado colonial al tiempo que la readapta a la palmaria realidad actual, que la define como un gigantesco núcleo urbano.

 

Una ciudad de contrastes también en su clima, y es que se dice que en Bogotá es posible presenciar las cuatro estaciones del año en un solo día: primavera por la mañana, verano al mediodía, otoño por la tarde e invierno de noche. Así que no te dejes engañar por el brillante sol matutino, porque la capital colombiana está rodeada de altas montañas y el clima puede cambiar en cuestión de minutos. ¿Cómo combatirlo? Te sugerimos que lleves siempre gafas de sol y sombrero, por un lado, y abrigo y paraguas, por el otro.

 

Hablar de turismo en Bogotá también implica mencionar la seguridad. Pese a ser un foco turístico, se recomienda al visitante que no lleve objetos de valor a la vista, que guarde bien el móvil y la cámara, que evite portar más dinero del necesario o que se limite a moverse con la documentación fotocopiada. Y tras el ocaso, desplazarse preferiblemente en taxi.

 

'Skyline' de Bogotá

'Skyline' de Bogotá (ChandraDhas / Getty Images/iStockphoto)

 

Sábado

10.00 – El centro neurálgico de Bogotá

Llegamos a Bogotá por la primera calle que recorrió el tranvía, la carrera Séptima, hoy peatonal. Uno de los secretos para no perderte en la inmensidad de la mayor ciudad colombiana es el nomenclátor de sus vías: las que discurren en paralelo a las montañas se llaman carreras, mientras las que trazan una línea vertical son las calles.

Desde la Séptima arrancamos nuestra ruta exprés en el corazón de Bogotá y Colombia: la preciosa plaza de Bolívar, que con su nombre y una estatua –la primera de bronce de la ciudad– rinde homenaje al libertador sudamericano. En la misma céntrica plaza se encuentra la neoclásica Catedral Primada de Colombia, construida a principios de siglo XIX y que, sinceramente, luce más por fuera que por dentro. Sin embargo, no está de más entrar un segundo para refrescarse un poco mientras se contempla su interior.

 

Panorámica de la plaza de Simón Bolívar con la Catedral Primada de Colombia

Panorámica de la plaza de Simón Bolívar con la Catedral Primada de Colombia (diegograndi / Getty Images)

 

10.45 – El restaurante más antiguo de Bogotá

Si no has desayunado antes de arrancar el paseo o te apetece picar algo, ahora es el momento ideal para hacerlo en uno de los pequeños tesoros de Bogotá: La Puerta Falsa, un restaurante considerado como el más antiguo de la capital.

Fiel a su condición, ofrece una amplia variedad de comida local. Un abanico de entre el que te recomendamos probar su chocolate completo: chocolate caliente con queso fundido y almojábanas. ¿Te parece raro? ¡Es una absoluta delicia!

 

11.30 – El color de La Candelaria

La plaza Bolívar y La Puerta Falsa se hallan en el barrio de La Candelaria, el pintoresco casco antiguo de la capital colombiana, cincelado con multitud de coquetas y coloridas casas bajas de estilo colonial. De hecho, La Candelaria es una buena opción para buscar alojamiento, aunque de noche es algo menos seguro que, por ejemplo, el barrio Chapinero, nuestra principal recomendación para buscar habitación donde dormir.

 

Aquí es imprescindible hacer una parada en el Museo Botero, galería gratuita que contiene una amplísima colección de obras del artista colombiano, quien las donó con la condición de que no salieran fuera del país. Inspirado por la obra de Velázquez, Da Vinci o Goya, este museo ubicado en la esquina cultural (también hay la Casa de la Moneda y el Museo de Arte del Banco de la República) cuenta con más de 120 obras entre dibujos, acuarelas, óleos, pasteles y esculturas del artista.

 

Más arte, en este caso callejero, es el que ofrecen las paredes de la ciudad, llenas de grafitis y murales, algunos inclusos de artistas famosos. Todos con su historia personal, que puedes descubrir en alguno de los tours que se ofrecen. Callejea por sus rincones y piérdete en un sobrecogedor mar de colores y contrastes.

 

Para terminar el plácido paseo por el centro histórico de Bogotá dirígete hacia la plazoleta del Chorro de Quevedo, la plaza más antigua de la capital colombiana, donde se fundó la ciudad. Por el camino te adentrarás en un laberinto de curiosidades, calles pinceladas y tiendas de artesanía. Es un buen momento, por ejemplo, para comprar productos locales y probar la bebida típica de los indígenas, la chicha fermentada, a base de maíz, azúcar de caña y agua; o bien tomar una pola, cerveza en la jerga colombiana. Al lado queda el callejón del Embudo, un pequeño rincón policromático que se presenta como un regalo para la vista.

 

El colorido callejón del Embudo en Bogotá

El colorido callejón del Embudo en Bogotá (Devasahayam Chandra Dhas / Getty Images)

 

14.00 – La hora del almuerzo

Toca repostar y llenar el estómago, pero no te confundas: en Colombia, denominan almuerzo al momento de la comida en España, y se refieren a comida para lo que aquí es la cena.

 

Hay varios sabrosos manjares locales a elegir, desde el aijaco –una sopa de tres tipos de papa diferentes, con maíz, nata y alcaparras–, al sancocho –sopa nacional, similar al cocido–, pasando por la fritanga –friendo todo lo que sobra de la ternera, desde intestinos al hígado–, o los tamales –verdura con carne sobre una base de maíz. Algunos de los céntricos lugares donde te lo servirán son el Candelario Bar, La Bruja o Doña Ceci.

 

16.00 – Oro deslumbrante

La gastronomía local es motivo de orgullo patrio, aunque si se quiere excavar en uno de los mayores tesoros de Colombia se debe ir al fastuoso e impresionante Museo del Oro. Una visita imprescindible ubicada en el céntrico parque Santander y al que podrás acceder por 4.000 pesos colombianos. Que no te asuste la cifra, porque al cambio es poco más de un euro.

 

El museo más famoso de Bogotá contiene una valiosa colección con más de 55.000 piezas de orfebrería de las culturas indígenas precolombinas entre las que destaca por encima de todo la balsa muisca o balsa de El Dorado, una figura votiva en forma de balsa con personajes a imagen de la ceremonia de investidura del cacique del pueblo de Guatavita: la ceremonia de El Dorado. Hallada en 1969 por campesinos y de una veintena de centímetros de largo por 10 cm de ancho y alto se cree que pertenece al periodo tardío de la cultura muisca que se ubica entre el 1.200 y el 1.500 después de Cristo.

 

La valiosa balsa muisca o balsa de El Dorado del Museo del Oro de Bogotá

La valiosa balsa muisca o balsa de El Dorado del Museo del Oro de Bogotá (Wikimedia)

 

18.00 – Café y vuelta a ‘casa’

A continuación, tocaría volver al siempre animado barrio del Chapinero, donde te recomendábamos alojarte. Aunque si todavía tienes las pilas bien cargadas te apuntamos dos visitas rápidas: a laiglesia de San Francisco, una de las más antiguas de la ciudad, de mediados del siglo XVI; y el Museo de las Esmeraldas , ubicado en la planta 23 del edificio Avianca (el primer rascacielos de Bogotá) como aparador del catálogo geológico colombiano.

 

En todo caso ten en cuenta que desde el centro al Chapinero tienes alrededor de media hora de viaje en coche o taxi, así que si quieres dar un paseo por el barrio deberías ir con suficiente antelación antes de que se haga de noche.

 

21.00 – Noche en el Chapinero

Para la comida –la cena, en Colombia–, te invitamos a ir a uno de los restaurantes más famosos de la zona, el Andrés DC, un local muy animado con música en directo y puro ambiente colombiano. Su fama, eso sí, provoca que se llene con facilidad, tanto para comer como para luego, en el mismo local, bailar y tomar una copa.

 

Domingo

10.00 – En la cima de Montserrate

Arranca el día con un buen desayuno colombiano (por ejemplo, buñuelos colombianos, tentempié salado con queso, maicena, almidón de yuca y huevos). Lo puedes acompañar con agua de panela, típica bebida local de caña de azúcar.

 

Ya con la barriga llena mira hacia el cielo en el margen oriental de la ciudad, presidido por el Cerro de Montserrate, de 3.152 metros de altura. Un coloso que no tendrás que atacar con las piernas, dado que se recomienda subir y bajar en transporte (ir en funicular y volver en teleférico, por ejemplo) por seguridad y para evitar posibles atracos.

 

Desde lo alto de Montserrate gozarás de unas preciosas vistas de todo Bogotá. Toma la fotografía de rigor, pasea por la cima y no te olvides de visitar la Basílica del Señor de Montserrate, punto de culto y peregrinaje levantado hace un siglo. El nombre, tan parecido a la montaña catalana de Montserrat, no es casualidad, y es que a mediados del siglo XVII se construyó en lo alto de la colina que preside Bogotá una pequeña capilla dedicada a la Moreneta.

 

Antes de volver a la ciudad, un último consejo: vale la pena dedicarle un buen rato a apreciar las maravillosas vistas sobre Bogotá mientras se toma una infusión de hoja de coca en una de las cafeterías de la cumbre.

 

La cima del Cerro de Montserrate con una vista de Bogotá de fondo

La cima del Cerro de Montserrate con una vista de Bogotá de fondo (Devasahayam Chandra Dhas / Getty Images/iStockphoto)

 

13.00 – La residencia de Simón Bolívar

La siguiente parada la encontrarás al pie de Montserrate, donde se halla la Quinta de Bolívar, la casa museo que sirvió de residencia del libertador nacido en Caracas cuando Bogotá capitaneaba el Nuevo Reino de Granada y, después, la Gran Colombia (unión de Venezuela, Ecuador, Colombia y luego Panamá).

 

La construcción, que tiene su origen en el último tercio del siglo XVII, ya antes del libertador, permite zambullirte a través del mobiliario e incluso vestimentas en la vida y legado de Simón Bolívar y su pareja sentimental Manuelita Sáenz, considerada también heroína del movimiento independentista sudamericano.

 

14.00 – Al centro para comer

De nuevo en el centro histórico de Bogotá escoge algún restaurante local donde probar tus últimas especialidades bogotanas. Para el primer día te proponíamos el Candelario Bar, La Bruja o Doña Ceci: descarta repetir y opta por uno de los otros. A la hora de elegir el menú verás que todavía te quedan muchos platos locales por probar. Uno de ellos, un clásico de la zona, es la changua en cazuela, un caldo a base de leche, huevo, cebollín, tostadas y cilantro. De postre puedes deleitarte con el peto, algo así como un arroz con leche elaborado con maíz.

 

Ya sea durante el almuerzo o en algún pit-stop durante el viaje, también es obligatorio que pruebes algunos de los batidos de las frutas exóticas colombianas como el zapallo, el plátano macho, la papaya, el babano, el aguacate, el mango colombiano, el carámbolo, la pitaya o la granadilla.

 

Debes tener en cuenta que en Bogotá y en toda Colombia todo se vende por unidades. Desde caramelos a cigarrillos, pasando por dulces, bombones o chicles. De hecho, incluso es posible comprar minutos de conversación telefónica si de repente necesitas llamar a alguien.

 

16.00 – La penúltima visita

Nuestro tiempo en Bogotá se agota, por lo que te proponemos dos posibilidades bien diferentes para que puedas escoger. Si eres amante de la naturaleza, no pierdas la oportunidad de descubrir infinidad de flores y árboles autóctonos en el Jardín Botánico José Celestino Mutis, junto al enorme parque urbano Simón Bolívar, el pulmón verde de Bogotá.

 

Si por lo contrario eres más urbanita, acércate al barrio de La Macarena. Zona cercana al centro que queda al margen de los principales focos turísticos de Bogotá y que actualmente se ha barnizado con un estilo bohemio que lo llena de modernos restaurantes y cafeterías, tiendas de moda e innovadores locales.

 

18.30 – Adiós desde las alturas

El punto final lo pondremos desde la Torre Colpatria, de 48 pisos y cerca de 200 metros de altura, un punto ideal para, a través del mirador de su último piso, despedirte de la extensa Bogotá y su inseparable Cerro de Montserrate con una abrumadora panorámica. Una foto que no olvidarás.

 

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Fuente: DDA
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